El pasado 5 de julio, en la cena de entrega de premios del IX Certamen Literario “Ciutat de Sant Andreu de la Barca” tuve la oportunidad de conocer al poeta de Alcañiz, José Manuel Soriano Degracia. Pocas horas antes había tenido la oportunidad de leer algunos poemas suyos que me impresionaron por la temática de ambiente enraizado al campo, por la fuerza cromática de su poesía y por el trasfondo filosófico que desplegaban sus poemas. Principalmente un poema titulado “Cerezas”. La lectura del poema ganador, “Citrus Limonum”, venía a refrendar mi opinión de que, desde ese momento, José Manuel Soriano http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2008/05/jos-manuel-soriano-degracia.html era un poeta a seguir, con una prometedora trayectoria. Días después recibí un ejemplar de “El único lugar”, libro donde estaba incluido “Cerezas” y que había logrado el II Accésit de la II Edición del premio de Poesía Delegación del Gobierno en Aragón – Cajalón. "El único lugar" es una propuesta poética, ante todo, verdadera, sincera, sin imposturas, con el auténtico sentido del poeta. Esto es, buscar -encontrarlo o no, no es lo importante, creo- el sentido a todo lo que es y le rodea.

Sorprende -y la sorpresa quizá venga motivada por mi carácter urbanita- ese cierto mundo rural, próximo al campo, a la naturaleza, que desprenden sus poemas.

Visiones, palabras, vivencias que, aunque remotas, conozco pero que, sin duda, difícilmente podrían aparecer en mis poemas.

Partiendo de esta base, los poemas de este libro están impregnados de un sentido de la vida con el que me siento muy próximo, con cierta desazón por el paso del tiempo, por este tiempo prestado que nos toca vivir, por ese deseo de no perder lo más amado y esa sensación nostálgica que todo lo que vivimos es recuerdo de alguien que dice nuestro nombre pero se va desprendiendo de nosotros.

Me gusta muchísimo el fondo filosófico de los poemas, la profunda reflexión que transmiten y la aguda paradoja que plantean siempre los últimos versos de sus poemas.

Son poemas muy logrados, la gran mayoría; algunos son antológicos, otros poseen versos antológicos que, en sí mismos, engrandecen cualquier poema. Pero, quizá por encima de todo, me gustan los finales de sus poemas, la agudeza expresiva, la rotundidad de sus a(con)firmaciones.

Es un libro que se mueve entre lo físico y lo filosófico, entre pensamiento y sueño, entre amor y soledad, entre luz y sombra, entre adolescencia y madurez...

Así lo veo. Quizá mi apreciación esté lejos de su propuesta, de lo que pretendía José Manuel en “El único lugar”; pero estas fueron, en definitiva, las anotaciones que, entre sorbo de café y café, iba tomando en mi lectura.

En poemas como Pensamientos frente al espejo, Correspondencia, Consuelo, Niebla y Amanecer me descubro, me quito el sombrero, le felicito con todo mi afecto y sinceridad. Grandes poemas, finales excelentes. Y en la tercera parte, en "Tempestad", en esa brecha por donde el amor entra con la fuerza del agua, descubro imágenes de una gran fuerza y lirismo, y silencios que alargan su sombra más allá de las palabras. Sublime el final del poema Él:

"No sabemos qué decir,

imposible al silencio quitarle la palabra."

Y el final de Al alba, y el poema final que cierra el círculo y devuelven al hombre, pese a su huida, al lugar de origen.

Si destaco los finales de los poemas de este libro se debe, principalmente, porque este es uno de los aspectos -considero- más importantes en un poema. Un buen final es lo más complicado. Saber cuándo, cómo y qué palabras usar para cerrar un poema es el quid para que un gran poema sea un gran poema y el lector, después de leerlo, diga: ¡Qué preciosidad! ¡Qué bueno!

Y esa es la sensación, la expresión, que usado en muchos de los poemas de “El único lugar. Un libro exquisito, excelente.