Esta mañana, gris y lluviosa, he vuelto a recalar en la lectura de un libro éspléndido, EL DON DE LA IGNORANCIA, del poeta manchego, pero afincado en Barcelona desde su infancia,José Corredor-Matheos. Con este libro le concedieron el premio nacional de poesía el año 2005. Recuerdo que, meses antes de la publicación de este libro, en una lectura que nos ofreció en la Sala Pintada del Pati Llimona, nos hizo un breve adelanto de algunos de los poemas. Me sorprendieron muchísimo por su belleza y por la profundidad filosófica (una filosofía próxima a las culturas orientales) y por el título del libro, que resume a la perfección el pensamiento poético y personal de este gran poeta. Perteneciente a la generación poética del 50, es un reconocido crítico de arte, especialmente de arte contemporáneo, y traductor de poesía catalana, habiendo recibido varios premios por esta labor.

Y en esta mañana lluviosa me he sumergido entre los poemas existenciales que recorren las páginas de este libro; poesía esencial que entiende el poema como una visión detenida de lo fugaz. Su expresión justa, despojada, y su tonalidad serena, delatan la cercanía una depurada poesía oriental. Dividido en cuatro partes, los poemas tratan del asombro por la mera existencia, de los homenajes a personas ya desaparecidas pero presentes en la memoria del poeta, del reencuentro con lo cotidiano y natural, de la serena contemplación del universo, de lo cósmico que nos acerca a la filosofía budista. Es una hermosa reflexión ante el ritmo tan veloz y disparatado de la sociedad actual. Un buen lugar, con las precisas palabras, para pensar en todo lo que nos rodea y maravillarnos de su naturalidad y sencillez.

Son muchos los poemas que destacaría de este libro extraordinario. Os propongo 2 poemas que, en mi modesta opinión, reflejan todo lo expuesto anteriormente y dan fe de la gran poesía que reúne este libro.

...estando ya mi casa sosegada.

San Juan de la Cruz

.

Nada de lo que has sido

permanece.

No tienes ni pasado

ni futuro,

y hasta el mismo morir

no es muy seguro.

Nada ni nadie a ti

te pertenece.

Pero respira el campo

si anochece.

Vuelve a ser todo transparente

y puro.

Avanzas confiado

hacia lo oscuro.

El mundo nace en tu interior

y crece.

Qué sencillo morir.

Y qué sencillo

poder vivir al fin

como si todo

fuera un ir devanándose

el ovillo,

y nunca hubiera sido

de otro modo.

Todo vuelve a ser tuyo,

siendo nada,

estando ya la noche,

iluminada.

........

Recuerdo aquel paseo

solitario

en que sólo el silencio

era lo que alcanzaba

a oír entre las hojas,

y podía sentirme

como un árbol,

sentirme como un pájaro.

Y recuerdo también

un único paseo

acompañado,

hace ya mucho tiempo.

No puedo recordar

quién pisaba las hojas

a mi lado.

.

(José Corredor-Matheos, El don de la ignorancia, Tusquest editores, 2004)