
El pasado 22 de diciembre, conduciendo mi Peugeot en dirección a Barcelona, escuché en la radio (Rac1) la triste noticia del fallecimiento del poeta, escritor, secretario de la ACEC, animador cultural y literario de la ciudad condal... José Luis Giménez-Frontín. Fui para mí un gran golpe, pues a pesar de que Giménez-Frontín era una persona aún joven (poco más de 60 años), no hacía mucho le había visto y nada hacía presagiar tan pronto y trágico desenlace. Aquella misma tarde, en el Ateneu Barcelonès, en conversación con otros poetas amigos que también estaban conmocionados por la noticia, tuve la oportunidad de conocer, con mayor profundidad, la enfermedad que José Luis sufría y el dolor que su ausencia dejaba en todos nosotros. Celebrábamos aquella tarde un recital llamado "Nadal per a tothom-Navidad para todos" organizado por "Poesia en Acció" y el acto se convirtió, en cierta medida, en un primer homenaje improvisado por todos los que le admirábamos y sentíamos un gran aprecio hacia él. No voy a nombrar aquí su dilatado currículum y el nombre de todas sus obras. Creo, sinceramente, que la figura de José Luis Giménez-Frontín, a nivel de Cataluña y de toda España, era sobradamente conocida. Y, si no, podéis consultar cualquier página de internet para tener sobrada información sobre todos sus libros publicados. Quisiera, tan sólo, recordar la primera vez que le conocí. Fue, si no recuerdo mal, sobre el año 1990, a primeros de año. Yo acababa de ingresar en la Junta de la Academia Iberoamericana de Poesía en Barcelona (que presidía Ángeles Cardona) y José Luis era vocal de dicha Junta. Yo era un recién llegado al mundo de la poesía (aún lo soy, todavía conservo mi carné de aprendiz) y me sentía absolutamente abrumado ante la presencia de poetas tan renombrados a mi lado (quízá en otro artículo hable de otros poetas presentes aquella tarde). Y, por aquellas casualidades de la vida, justamente pocas semanas antes, yo había comprado un libro de Giménez- Frontín, Amor Omnia y otros poemas. Y yo le tenía allí, frente a mí, en aquella reunión, hablando sobre el rumbo, los actos y los retos que la Academia debía afrontar en un futuro. Recuerdo que habló claro y que dejó su mano tendida para contar con el apoyo de la ACEC. Desde entonces seguí su trayectoria poética con el máximo interés, con la calidad que siempre atesoraron sus versos. Aquí os dejo un poema de aquel libro, Amor omnia y otros poemas, que tan profunda huella dejó en mí cuando lo compré. Un poema y el rendido recuerdo y humilde homenaje al gran poeta y al amigo.
AQUELLA HORA
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!Ay de quien a su espalda no cargue lo que han sido
sus errores, su miedo
y converse con ellos como con una amante!
¡Ay de quien no recuerde la parte de su vida
que escapó de sus manos como escapan los hijos
de las entrañas, y antes de la entrañas
de la carne y la sangre!
Puntual y amorosa, desde quizás su infancia,
saldrá a su encuentro la hora en que soñó
ser feliz y valiente. Y no le encontrará.
En vano él buscará revivir sus fantasmas
o afirmar que está en paz en su bello retiro
junto al mar luminoso o en un lejano valle.
Pues sólo aquella hora puede dar un sentido
al gasto de su vida y ofrecerle
-a tiempo todavía en el postrer minuto-
lo más parecido a una segunda oportunidad.
Realmente, ha sido una tragedia.