Poema CANTORA NOCTURNA, de Alejandra Pizarnik

Esta mañana he comprado El País y el libro de poesía de Alejandra Pizarnik, pero no ha sido hasta esta tarde, de regreso en el tren, cuando he podido zambullirme en el libro y nadar entre sus versos. Mis compañeros de viaje también leían. Un chico, a mi lado, leía una revista de bicicletas de montaña. En frente, una mujer leía La Vanguardia y un hombre sostenía a ratos, a ratos miraba el paisaje, una novela de Agatha Christie en inglés. Ya conocía la poesía de Alejandra pero no en la profundidad en la que la he conocido esta tarde. En sus poemas vida y poesía se funden en uno. Su poesía es su estado de ánimo, su necesidad de vivir y el miedo a ser devorada por ese misma ansia de vivir y de escribir. Alejandra se suicidó en 1972, a los 36 años. Y quizá, en algunos poemas, se puede comprobar como la poeta advierte que la vida se le ha quedado pequeña, que las palabras, que los poemas, ya no pueden engrandecerla más. Trágico fin, por la juventud con la que se marchó, la de esta poeta argentina de origen judío. Son muchos los espléndidos poemas que hay en el libro. Algunos muy breves, como rayos de luz, como chispas de una claridad tan pura que te dejan sobrecogido, perplejo. Pero sobre todos ellos, uno en particular, me ha cautivado. Es un poema en prosa, lindísimo. Se titula "Cantora Nocturna" y pertenece a su libro "Extracción de la piedra de locura" (¡qué gran titulo!). A mi entender es un canto a la infancia perdida, al niño/a que ya no somos pero que aún, aunque lejano, está en nosotros.
CANTORA NOCTURNA
Joe, macht die Musik von damals nacht...
La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al son de su ebriedad. Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella canta.
a Olga Orozco
(Alejandra Pizarnik, Poesía, El País, 2008)


Rosana dijo
“Ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe.”
Alejandra siempre Alejandra .... tan eterna y tan efímera como su vida
5 Febrero 2009 | 12:54 AM