Ha aparecido, recientemente, una reseña de mi libro El recinto del fuego en la revista digital "Árbol Invertido" de Cuba. La reseña ha sido realizada por el poeta cubano Francis Sánchez quien, conjuntamente con la poeta Ileana Álvarez, dirige esta revista. Os adjunto la reseña que me han publicado, agradeciéndoles el interés mostrado por mi libro y la amistad personal y poética.
EL RECINTO DEL FUEGO, de José Luis García Herrera.
Primer Premio Internacional de Poesía Erótica-Amorosa, Ateneo Guipuzcoano, 2007. Huerga y Fierro Editores, España, 2008.
COMENTARIO: Tengo, he leído otros libros previos de García Herrera, como Código privado (1996) y Spelugges (2002), así que me resulta inevitable ahora, cuando desando este nuevo Recinto..., aventurarme a echar una mirada sobre la trayectoria o el camino largo del poeta, contrastando sus distintas entregas. Se levanta dentro del orbe de este autor, en especial, La ciudad del agua (Premio Elvira Castañón, Seuba Ediciones, 1997.), con prólogo de Jordi Doce. Aquella ciudad, que ahora he vuelto a releer, era la de un mundo lírico signado por un gran caudal expresivo, con desborde rítmico, fraseo complejo, abundancia tropológica, y sobre todo la iridiscencia que dejaba el modo de mirar la realidad a través de las lentes del sueño, o viceversa, pues el poeta se habitaba y se abría a sus lectores con el cuidado de no mancillar "lo exterior desconocido" (categoría que leí por primera vez en el ensayo "Lo exterior" de Fina García Marruz). Justamente Jordi apuntaba en el prólogo de La ciudad del agua: "A esa adecuación entre realidad externa e interna se corresponde un lenguaje más depurado, más ceñido". Y quizás en torno a tal disyuntiva ha seguido imantándose la poesía de Herrera, para llegar a un hito clave en este libro, cuando el sujeto de la poesía encarna en la materia del amor eros, amor que no se sacia sino con la figura y no puede flaquear, no sabe detenerse en la búsqueda de la satisfacción hasta sentirse en presencia del objeto de su pasión. Es El recinto... una poesía, en ese sentido, quizás distinta. El poeta corre el riesgo de entregarse a la fuente exterior de su placer: "Seré vasallo de tus goces, palafrén oscuro...", mientras emprende los trabajos y los días de conjugar, con la memoria de sus instantes de felicidad, la reinvención de aquella geografía por donde ha ido pasando en estado de efervescencia. Pues su práctica subraya un amor que está de regreso, al que no le quedan más que las palabras para llegar al éxtasis, por eso, sobre la poesía exclamativa, sensorial, se imprime el discurso alusivo, narrativo. Cada poema tiene la marca, a modo de protexto, de la ciudad o el lugar a que cada recuerdo está unido. De resultado obtenemos que el mar, la fuerza misteriosa y fecundante de las mareas, toca y une todo ("Todo empezó en el mar./ Y a este mar regreso..."), zurcimiento, ondulación de caricias, intermitencias de lo que nace y muere, se aprende y olvida: "una historia escrita con las huellas del agua". Poesía centrada en la apertura cosmopolita del mar mediterráneo, y el mar por donde Ulises busca el calor del hogar: "¡Ya en ti, huracán de espuma, Ulises desatado!" Agua y fuego, sueño y realidad, siguen tocándose y penetrándose mutuamente en el centro de la poesía de José Luis García Herrera. La noche gobierna, la oscuridad que exacerba la necesidad de los sentidos y aguza el filo del cuerpo y el vuelo del canto. Si existe un tipo de novelas de aprendizaje, a esta pudiéramos llamar una poesía de aprendizaje. Se memoriza y hace interior aquella extensión de lo humano sagrado, y en misión de conquista se aprende a hablar otra vez, a nombrar cada cosa, porque el "amor posee su propio alfabeto,/ su jardín secreto y su ambición de gestos..."
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